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ACCIDENTE NUCLEAR EN JAPON


Seguimiento desde el 30/09/99 al 08/10/99
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El poder nuclear hizo su ingreso en la historia hace algo más de medio siglo con dos devastaciones de magnitud no conocida hasta entonces, los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. En medio siglo esa forma de energía nunca dejó de ser peligrosa; la Agencia Internacional para la Energía Atómica ( AIEA), sostuvo que el accidente en Japón fue el más importante después de Chernobyl en 1986 por el número de afectados. Japón es uno de los países con más reactores nucleares del mundo, detrás de Estados Unidos. Para las primeras décadas de este siglo el programa de desarrollo energético japonés prevé recibir cerca del 50 % de su energía de centrales atómicas.

La planta nuclear en la ciudad deTokaimura se halla al nordeste de Tokio y tiene quince centrales en un espacio geogáfico reducido y de alta concentración poblacional. Aunque la Organización Mundial de la Salud – OMS – declaró desde Ginebra que el accidente no tendrá repercusiones sobre la salud pública fuera de Japón, la sombra de Chernobyl y las malformaciones genéticas comprobadas años después les sirve de referente a todos los habitantes de Tokaimura, preocupados por los efectos a largo plazo.

La empresa que administra el complejo nuclear admitió haber violado las normas oficiales de seguridad durante cuatro años. Dicha compañía – JCO – asume la responsabilidad correspondiente. ( Un grupo de operarios japoneses vertieron demasiado uranio en una planta de procesamiento de combustible nuclear poniendo en peligro letal a 300.000 pobladores del distrito cercano a Tokio). En los últimos años la opinión pública japonesa se ha mostrado cada vez más sensible no sólo frente a esta presencia gigante de la industria nuclear en su territorio, sino a la mayoría de las cuestiones en las que se juega el destino de su medio ambiente.

Expertos de la Agencia para la Ciencia y la Tecnología efectuaron investigaciones en la sede central de la empresa y en la fábrica de Tokaimura, donde secuestraron documentos.

A mi criterio el gobierno japonés podría estar en el banquillo de los acusados por haber autorizado la creación de la fábrica en 1993, sin exigir la implementación de un dispositivo que permitiera hacer frente a un eventual accidente crítico. Aplicando la teoría del riesgo, se le puede imputar una responsabilidad absoluta. Esta teoría impone la responsabilidad de los Estado cuando realizan actos u actividades no prohibidas pero que contienen serios riesgos – como las actividades nucleares o espaciales - . Este tipo de responsabilidad deriva del derecho convencional sin base en el derecho consuetudinario o en Principios Generales. Se aplica a actividades cuya tasa de accidentes es baja pero donde cabe la posibilidad de que los daños sean realmente importantes si se llegase a producir un accidente.

La doctrina sugiere adoptar una convención general que establezca la responsabilidad absoluta de los Estados que realicen este tipo de actividades peligrosas con riesgos excepcionales y cuyos daños puedan alterar y dañar en forma considerable no sólo al Estado en cuestión sino también a otros Estados. Con respecto a la contaminación transfronteriza del medio ambiente, el párrafo 21 de la Declaración de Estocolmo, establece que el Estado debe asegurar que no se causen daños en el medio ambiente de otros países; sería una tesis de responsabilidad absoluta donde se debe tener en cuenta la existencia objetiva del daño más allá de la zona bajo su jurisdicción, sin considerar las precauciones tomadas por tal Estado. Esta teoría debe ser aplicada considerando las normas consuetudinarias y adoptando lo estipulado en la Convención sobre Derecho del Mar, donde el Estado no cae en responsabilidad absoluta si los daños fueron causados por una persona física o jurídica y el Estado en cuestión, había tomado todas las medidas necesarias para garantizar el cumplimiento efectivo de las normas técnicas que se debían aplicar. Es responsable cuando el propio Estado causó el perjuicio o no cumplió con el deber de diligencia por él debida. En la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, el Capítulo III trata sobre las responsabilidades comunes para con la comunidad internacional declarando que la protección, la preservación y el mejoramiento del medio ambiente para las generaciones presentes y futuras es responsabilidad de todos los Estados. Todos los Estados deben tratar de establecer sus propias políticas ambientales y de desarrollo de conformidad con esa responsabilidad. Las políticas ambientales de todos los Estados deben promover y no afectar adversamente el actual y futuro potencial de desarrollo de los países en desarrollo. Todos los Estados tienen la responsabilidad de velar porque las actividades realizadas dentro de su jurisdicción y bajo su control no causen daños al medio ambiente de otros Estados o de las zonas situadas fuera de los límites de la jurisdicción nacional. Todos los Estados deben cooperar en la elaboración de normas y reglamentaciones internacionales en la esfera del medio ambiente.

El gerente de la Autoridad Regulatoria Nuclear, dependiente de la Presidencia de la Nación Argentina, recibió el informe del Organismo Internacional de Energía Atómica en el marco de la Convención de Pronta Notificación y Asistencia en casos de accidentes nucleares, aclarando que sería imposible que en nuestro país ocurriese un accidente similar, puesto que aquí se trabaja con uranio natural y no con uranio enriquecido.

Los horizontes de la ciencia – formas alternativas seguras y limpias de energía, modos de producción de menor consumo – están hoy increíblemente cercanos, pero no tanto como para resolver el dilema de las demandas.

Lo de Tokaimura es mucho más que otra señal de peligro sobre una forma riesgosa de energía, es una denuncia sobre la escasa cooperación internacional en el empleo de recursos críticos. En este marco se inscriben desde el agua escasa hasta la desesperación en Oriente Medio, hasta el potencial de reservas como la Amazonia o el destino incierto – a pesar del tratado que la cubre desde 1959 – de la Antártida. Estos recursos son un caso curioso de globalización confusa pues o se dirimen en el espacio que tratan de preservar los Estados-nación o son sometidos a la lógica de lo privado que – se sabe – sólo reconoce dos valores: los costos que deben reducirse, y las ganancias, que deben aumentarse. Dos valores que no pueden cubrir el destino de la especie humana.Se vuelve a poner en cuestión la promesa incumplida de la energía atómica: ser una fuente segura y virtualmente inagotable de energía.