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LA OFERTA EN LOS CONTRATOS

Expresa Spota que el consentimiento puede ser aprendido como la conjunción de las declaraciones unilaterales de voluntad de cada uno de los contratantes.

En ese sentido, el art. 1144 del Código Civil –con una redacción defectuosa- dice que "el consentimiento debe manifestarse por ofertas o propuestas de una de las partes, y aceptarse por la otra": la redacción es defectuosa porque, como señala Segovia, lo que debe aceptarse es la oferta o propuesta y así formar el consentimiento, que, de por sí, supone la coincidencia entre la oferta y la aceptación, o, en otras palabras, una oferta aceptada.

Dejando de lado la deficiencia terminológica del art. 1144, resulta de éste que el consentimiento se forma mediante ofertas o propuestas de una de las partes –llamada "ofertante", "oferente", "proponente" o "promitente"- y aceptación de la otra –llamada "aceptante"-: ni la sola voluntad del que promete ni la sola voluntad del que acepta basta para formar el contrato, sino que se requiere la reunión de esas dos voluntades y su declaración.

Dos son, pues, los términos del consentimiento: la oferta y la aceptación, lo que se explica porque el consentimiento es como ha quedado visto- un acto bilateral.

 

Concepto de 'oferta'.

La oferta ha sido definida como "una declaración de voluntad recepticia y unilateral" (Spota), o como "una proposición unilateral que una de las partes dirige a la otra para celebrar con ella un contrato" (Mosset Iturraspe) o, finalmente, como "una declaración de voluntad unilateral, autosuficiente y recepticia que una de las partes dirige a la otra para celebrar con ella un contrato".

Requisitos de validez

De las definiciones transcriptas resultan los requisitos de validez de la oferta:

1 En primer lugar, la oferta debe ser recepticia, es decir, debe ser dirigida a persona o personas determinadas (art. 1148), es menester que tenga un destinatario, lo que plantea dificultades en dos supuestos:

el de la oferta al público, entendiendo por tal la que se dirige al público en general, indeterminadamente: en general, la doctrina entiende que en este supuesto no hay oferta en sentido propio (Lafaille, Salvat, Borda);

el de la oferta a persona indeterminada pero determinable, entendiendo por tal la que se dirige a persona indeterminada al tiempo de formular la oferta pero que resultará determinada posteriormente, mediante algún procedimiento previsto: en general, siguiendo a Segovia, la doctrina entiende que en este supuesto hay oferta. Es el caso, por ejemplo, de la promesa de una recompensa para quien resulte ganador en un certamen cualquiera, supuesto en que se admite la existencia de oferta. (nota al art. 1148 y art. 2536);

2. En segundo lugar, la oferta debe ser autosuficiente o completa, o sea, debe tener todas las circunstancias y elementos constitutivos del contrato cuya celebración se propone, de manera que el destinatario pueda aceptarla o rechazarla sin necesidad de aclaración ulterior alguna. Salvat señala que para que la oferta sea completa debe versar sobre un contrato especial e indicar todos los antecedentes constitutivos de éste.

El requisito de la autosuficiencia excluye la aplicación en el derecho argentino de la denominada teoría de la "punktation", en cuya virtud se admite que las partes vayan formando el consentimiento progresivamente, poniéndose de acuerdo solamente sobre los aspectos esenciales del contrato y dejando la decisión sobre los aspectos esenciales del contrato y dejando la decisión sobre los aspectos secundarios para un momento posterior: esta teoría no tiene cabida en el Código Civil, que no consagra diferencia alguna entre las cláusulas del contrato con razón de la importancia de las mismas y en orden a su perfeccionamiento. Por su parte, el art. 1148 exige que la propuesta lleva todos los antecedentes constitutivos del contrato, y por la otra, el art. 1152, impone que la aceptación se ajuste estrictamente a la oferta, con lo que "punktation" es repudiada.

A los dos requisitos señalados precedentemente, algunos autores –como López de Zavalía y Videla Escalada- agregan otros dos:

3 que la oferta sea seria, es decir, hecha con intención de obligarse si el destinatario lo acepta; y

4 que la oferta guarde la forma que la ley exige para la celebración del contrato de que se trate, en el caso de que éste sea formal.

Eficacia jurídica

Con respecto a la eficacia jurídica de la oferta, la doctrina ha elaborado tres teorías:

1. La teoría clásica entiende que la oferta carece de autonomía y de fuerza vinculante antes de su aceptación, de manera que antes de ser aceptada no crea obligación alguna a cargo del ofertante: es el sistema del Código Civil francés;

2. la doctrina moderna considera que la oferta es autónoma y vincula aún antes de la aceptación, tesis que se funda en la doctrina de la voluntad unilateral y de la cual resulta que, con la sola emisión de la oferta, el ofertante queda obligado en los términos de la oferta formulada: es el sistema del Código Civil alemán;

3. entre estas dos posiciones extremas ha surgido una tesis intermedia, que sostiene que, si bien la oferta carece de eficacia vinculante antes de la aceptación, hay caso en que –si se extingue- puede generar responsabilidad del ofertante hacia el destinatario de la propuesta: es el sistema del Código Civil italiano.

En el Código Civil argentino –que sigue en términos generales el sistema del Código francés- la oferta carece de autonomía y fuerza vinculante, siendo, en principio, susceptible de revocación y de caducidad sin que esas circunstancias generen obligación alguna a cargo del ofertante.

Caducidad

El Código Civil argentino no admite la autonomía de la oferta y por esa razón prevé su caducidad, disponiendo que "la oferta quedará sin efecto alguno si una de las partes falleciere, o perdiere su capacidad para contratar; el proponente, antes de haber sabido la aceptación, y la otra, antes de haber aceptado" (art. 1149).

Se trata de una norma que sólo opera en el supuesto del contrato celebrado entre personas ausentes, pues el celebrado entre presentes supone que la oferta sea aceptada de inmediato (art. 1151).

Los supuestos de caducidad son: a) la muerte, a la que debe equipararse la declaración de fallecimiento presunto; y b) la incapacidad a la que debe asimilarse la inhabilitación conforme al art. 152 bis del Código Civil, ref. ley 17711.

Como excepción al principio general que consagra el art. 1149, el art. 1795, en materia de donaciones, permite la aceptación del donatario después de fallecido el donante.

No obstante el sistema adoptado por el Código Civil, el art. 1156 atempero su rigorismo y establece que cuando el aceptante hubiera hecho gastos o sufrido pérdidas o consecuencias de su aceptación y caducara la oferta por muerte o incapacidad del proponente, podrá reclamar pérdidas e intereses: la doctrina coincide en que la reparación no es integral sino que solo comprende el daño emergente.

Retractación o revocación

El Código Civil argentino no admite la fuerza vinculante de la oferta, razón por la cual prevé su retractación o revocación, disponiendo que "las ofertas pueden ser retractadas mientras no hayan sido aceptadas" (art. 1150)

Sin embargo, este carácter eminentemente retractable de la oferta reconoce dos excepciones consagradas en el mismo art. 1150:

cuando el ofertante hubiese renunciado a la facultad de revocar la oferta: en este caso se plantea el problema de determinar si la oferta queda vigente para siempre o si su vigencia reconoce algún límite temporal.

Al respecto se ensayaron diversos sistemas y, en el IV Congreso Nacional de Derecho Civil, se concluyó que debe entenderse que la oferta se mantiene durante el lapso en el cual puede esperarse la llegada a conocimiento del ofertante de la aceptación remitida a tiempo y regularmente;

Cuando el ofertante se hubiera obligado a mantener la oferta durante un tiempo determinado: en este supuesto, es el propio ofertante quien fija la vigencia de su oferta, con lo que se elimina el problema de la eficacia temporal.

Fuera de estos dos casos de irrevocabilidad –que configuran las llamadas "ofertas firmes" o "en firme"- las propuestas son eminentemente retractables, pero, al igual que en el caso de la caducidad, el Código Civil atenúa el rigor del sistema, dando a quien ha aceptado la oferta ignorando la retractación del proponente y ha sufrido pérdidas o ha efectuado gastos como consecuencia de su aceptación, una acción de indemnización limitada al daño emergente (art. 1156).